176 años del barrio

La otra historia: Samuel Lafone ¿pionero y especulador financiero?

El Prestamista

Samuel Fisher Lafone (1805-1871), huyendo de sus suegros y la iglesia argentina, vino a radicarse en nuestro país con poco más de 30 años, a mediados del siglo XIX. Hombre de múltiples negocios, formó parte de una inmigración privilegiada. Fue arrendador de los sitios de abastos en los mercados carnes, frutas y verduras. Entre otros negocios, fue prestamista del Estado, cobrando con tierras las deudas generadas.

Una de esas tierras fue “el Rincón de La Teja, donde fundó Pueblo Victoria” en 1842, para tener las viviendas de sus trabajadores cerca de sus empresas ya que era propietario del saladero de la Teja y de las barracas de exportación e importación. Fue organizador e integrante de sociedades de inmigración y colonización, fundador de la Sociedad de Cambios y del Banco del Comercial.

Importador de migrantes

Los intereses y negocios de Samuel Lafone se centraron en sucesivas especulaciones con el gobierno para promover el proceso de colonización e inmigración. En 1836 formó una importante empresa de inmigración a base de colonos vascos, españoles y franceses.

En 1837 ganó una propuesta presentada al Gobierno que constaba en reunir un número de mil inmigrantes de las Canarias, Cabo Verde (centro de trata de esclavos) y Provincias Vascas. De entre ellos debían arribar cuatrocientos artesanos, la mitad ingleses (o sea 200 del total de inmigrantes). El gobierno pagaría 80 patacones por cada inmigrante mayor de catorce años y la mitad por los menores de esa edad, los niños pequeños y los mayores de 65 años integrantes de familias quedaban excluidos del pago.

La propuesta de Lafone fue aceptada de inmediato por el gobierno y la resolución provocó tensiones. En el contrato no figuró el número de inmigrantes a arribar y se le otorgó para ello un plazo de cinco años. Todos se preguntaron ¿cómo el Estado reembolsaría el pago de los pasajes? La solución fue hacer firmar vales personales a 12, 18 y 24 meses de plazo.

Según el contrato Lafone podía adquirir tierras de pastoreo, terrenos en el ejido y en la zona costera, el pago se haría en dinero y con los documentos de crédito que poseía a su favor del Estado. Esta empresa tuvo el cometido de traer pobladores con capacidad de trabajo inicialmente en la empresa más moderna de Lafone: El saladero instalado en el Rincón de la Teja y la extensión al Cerro de la matanza. Pero también dichos trabajadores –obligados a colonizar estas zonas agrestes y en permanente estado de guerra civil– fueron empleados por otros emprendimientos como las canteras de las que se extraía la piedra fundacional de las nuevas obras vinculados al puerto y a la ciudad nueva. En menor cantidad se fueron integrando a la zona genoveses, andaluces, aunque predominaban los vascos de la zona francesa e italianos al finalizar el siglo XIX.

Tierra de disputa entre potencias

La supremacía económica, financiera y política de los británicos se impuso hasta 1850; luego debió competir con los norteamericanos que audaces y arriesgados se desplazaron en sus veloces “clippers”, transportando mercaderías de todas partes del mundo. En esta lucha por los mercados se enfrentaron a europeos que buscaron arrebatar zonas y ocupar regiones desaprovechadas por los ingleses. Las naciones más interesadas fueron la Confederación Germánica, Francia, Bélgica –reino independiente en 1830-, Italia y España. Los alemanes en su práctica de invadir con su naciente industria y comercio, luego le seguía Bélgica que esperó tener también su lugar colonial, Francia vendiendo sus productos de lujo y España e Italia aportando productos esencialmente alimenticios que se vendían en las posadas y almacenes de Ramos Generales del naciente Pueblo Victoria.

Por Susana Regent.

(Visited 20 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *