Recetas de un compromiso

Nos trasladamos hasta la Policlínica de la Teja de la calle Carlos Tellier para conversar con Jaqueline Ubal. La medicina barrial, la dictadura, la Policlínica, el Mercado Victoria, la Junta Departamental y la Red de Salud, son solo algunas de las facetas de su extensa trayectoria de trabajo en el barrio.

A sus 80 años Jaqueline mantiene una cargada agenda de compromisos, muy distante del imaginario de jubilación o retiro. Toda una vida de trabajo ligada al barrio desde la medicina y la militancia social y política se va desgajando minuciosamente en la conversación. Testimonio de utopías realizables, de luchas incansables y de todo lo conseguido con la unión, la solidaridad y el coraje de los vecinos. Los dejamos con Jaqueline.

Jaqueline Ubal

Nací en Montevideo, en la calle Molinos de Raffo hace 80 años, cuando me casé me mudé ahí a la vuelta, hasta el año 2002 que me vine para La Teja donde elegí vivir el final de mi vida y donde quiero estar.

Mi papá era obrero textil, fue un faro para mí. Era un militante político y sindical muy destacado ya en mi infancia, nos llevaba con mi hermano a los primero de mayo, a las manifestaciones, nos enseñó ética y conciencia de clase. Mi mamá era ama de casa, trabajaba lavando ropa para afuera y nosotros la repartíamos.

¿Cómo nació tu vocación por la medicina?

En el liceo en el Bauza ya empecé a interesarme por las ciencias y la biología. No era algo común para mi clase social estudiar en la Universidad, a mis padres les costaba muchísimo que yo pudiera dedicarme solo a eso y siento que les cumplí, porque nunca perdí un examen. Fue un logro familiar cuando me recibí en el año 1965, una alegría enorme para todos. En el año 72 me recibí de Pediatra.

Los médicos son personas que si su corazón se lo permite se acercan mucho a la gente, seguramente sea más difícil para otras profesiones que no son tan humanistas como contadores, arquitectos, etc. La propia profesión te hace comprender, entender y ayudar en cualquier padecimiento que ves, no solo físico.

Primer médica presa y proscripta

En el año 69 me metieron presa porque fui hasta Florida a brindar atención a un campamento de trabajadores del arroz, ahí me ficharon y al tiempito caí presa, estuve 40 días en esa oportunidad en la Carlos Nery.

Posteriormente concurse en el Consejo del Niño (actualmente INAU) por un cargo de pediatría y lo gané. Yo ya estaba catalogada como C porque había estado detenida, me dijeron “doctora no se moleste en volver a concursar porque a usted nunca la vamos a dejar entrar”.

¿Cómo pudiste seguir militando y ayudando en Dictadura?

Desde varios lados, yo siempre tuve un consultorio en mi casa con los materiales necesarios como para curar, suturar, etc. atendí muchísima gente, sobre todo en la noche. Era un riesgo muy grande y estaba asumido, era parte de nuestra vida porque así lo habíamos decidido.

Fue una decisión familiar, mi esposo era militante y mis hijas que estaban en el liceo, tenían una imprenta en casa con sus compañeros del Bauza que utilizaban por las noches para una publicación clandestina.

La creación de la Policlínica de la Teja

Fue un 25 de agosto de 1984, la decisión de fundar la policlínica fue de Antonio Iglesias director de los Diablos Verdes, un dirigente político y sindical destacadísimo. No fue la única, las policlínicas aparecieron como flores en La Teja porque había una necesidad terrible de atención médica. En esa época también surgió la Policlínica del Movimiento Vecinal Solidario, la de Tres Ombúes, 19 de abril, Cadorna, un montón de policlínicas con las que coordinamos y realizamos acciones en conjunto.

Yo fui doctora fundadora de la policlínica, éramos tres compañeros en el equipo médico inicial y tengo el privilegio de seguir estando 34 años después. Atendíamos en la propia casa de la murga, después ganamos un concurso del Estado y en el año 1996 accedimos a esta casa donde estamos ahora. Eso nos permitió un salto de calidad muy grande, llegamos a tener 28 médicos.

Conquistas de la Policlínica

Fuimos apoyados por una ONG de Francia que nos permitió crecer y seguir vivos hasta hoy. Incrementamos los servicios, pudimos realizar una cantidad de actividades recreativas, campamentos y crear la Casa de los Niños a la que venían casi cien gurises entre 1992 y 94. La compañera Miriam, junto con Gilda Gutiérrez eran el alma de la Casa de los Niños, además de una activísima Comisión de Vecinos que se dedicaban a la educación para la salud y recibir a la gente, entre otras tareas.

Llegamos a tener unas 3000 consultas por mes en todas las especialidades y mantuvimos ese ritmo cerca de diez años. Recién comenzó a disminuir la atención cuando el Sistema Nacional Integrado de Salud trajo sus servicios al barrio.

El Mercado Victoria

Esa fue una lucha que compartimos con varios queridos compañeros como Rubita Cabrera, Edgar Albertoni, se reunieron varios compañeros de diferentes organizaciones del barrio con un objetivo común: la creación del Mercado Victoria. Que esa reliquia abandonada se transformará en un centro de recreación para los muchachos de la zona, nunca aspiramos a que llegara a ser algo tan hermoso como lo que tenemos hoy, estamos más que felices.

Trabajamos muy arduamente, la Intendencia era colorada todavía, allá íbamos gestiones tras gestiones, como todas las cosas sociales fuimos muy insistentes. En el año 93 se inauguró tras muchos años de trabajo.

Edila de la primera junta local

La primera junta local de Montevideo fue la nuestra, yo fui edil electa en el año 93 por el Frente Amplio, estuve en la primera y en la segunda junta local hasta el año 2000, fue el inicio de la descentralización. Primero hicimos las mesas zonales con los compañeros de otros barrios del zonal 14, trabajamos muchísimo en eso.

La primera secretaría de esa junta fue Susana Regent, compañera con lo que hemos compartido una vida de trabajo. Un temón que tuvimos en el primer período fue el Hotel del Prado que logramos rescatarlo. Fue una experiencia interesantísima, similar a la que hacen ahora los Municipios pero con todo por hacer.

La Red de Salud de la Comuna 14

La Red de Salud estuvo ligada a la cantidad de policlínicas que nacieron post dictadura en el barrio. Cuando la Intendencia aportó recursos humanos para potenciar el trabajo, se hicieron dos llamados donde se distribuyeron estratégicamente los recursos en la zona, algunos de ellos siguen hasta hoy con ASSE.

Nos reuníamos todos en una Comisión de Salud y en conjunto hicimos cosas maravillosas. En el 2001 trabajamos intensivamente desde las policlínicas en la contaminación por plomo, extrayendo sangre e involucrándonos en el tema, había una cantidad enorme de niños para atender. Realizábamos reuniones grupales para informarles a los padres que tenía cada niño y qué medidas de prevención tenían qué adoptar.

De la misma forma trabajamos en la prevención del cólera, Uruguay fue el único país de América que no tuvo cólera y la prevención fue fundamental para ello. Me acuerdo que íbamos a los asentamientos y un vecino me cuestionó en una de esas recorridas “yo entiendo que me tengo que lavar las manos, pero yo como de la basura”… yo estaba acostumbrada a no asustarme de esas preguntas, pero sin duda fue algo conmovedor. Recuerdo que le contesté “bueno entonces herví la basura”, no le podía decir que no comiera de la basura porque era una realidad, triste pero realidad, de esas cosas no te olvidas más.

Coordinadora de la región Oeste de ASSE

Ahí la vida me dio revancha, porque pude entrar donde no me dejó la dictadura. Fue de los trabajos más apasionantes que tuve. Nosotros desde la policlínica toda la vida trabajamos pensando en que había que dar una atención integral en salud, hacer prevención, involucrar a la familia, que estar sano no es igual a no tener enfermedades, que la salud implica muchas cosas desde la libertad a tener recreaciones, etc.

Ahí el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) estaba en papeles recién y desde nuestro trabajo en las policlínicas sentimos que lo que aportamos sirvió para ese fin. El Dr. Tabaré González fue Director General de ASSE desde el 2005 y me invitó a ocupar ese cargo para comenzar a poner en práctica el SNIS en el territorio, el primer nivel de atención. Allí estuve hasta el año 2008, cuando cumplí 70 años y me llegó la edad de retiro en la función pública.

La lucha contra las drogas

En un momento la policlínica tenía que tomar otro camino, la atención primaria ya no era una prioridad porque eso está cubierto por el FONASA. En el 2007 el Portal Amarillo nos invita a hacer una pasantía de seis meses en adicciones, concurren algunos profesionales nuestros y ese fue el punto de inicio. En el 2008 firmamos el primer convenio para un centro de protección y amparo para usuarios problemáticos de drogas de La Teja

Era una necesidad imperiosa en el barrio, la pasta base era el gran problema de salud de la juventud. Lo tomamos como una responsabilidad y un desafío muy difícil, pero a la vez necesario. Es un trabajo duro y por cada gratificación tenés cinco recaídas, demanda mucho emocionalmente pero es imprescindible.

Desde que iniciamos trabajamos muy fuertemente con la plaza, esa alianza se dio por Eduardo un profesor de educación física, un tipo muy carismático con mucha llegada a la gurisada, empezó a traer jóvenes de la plaza a atenderse acá. Ese vínculo con la plaza sigue firme hasta el día de hoy.

Aleros

Desde el 2012 estamos en el programa Aleros, trabajamos con un convenio de la División Salud de la Intendencia hasta el 2015, luego se interrumpió unos meses e hicimos otro concurso en el 2016 gestionado directamente por la Secretaría Nacional de Drogas, nos adjudicaron la región oeste y el centro. Estamos aquí en La Teja, Nuevo París, Tres Ombúes y en un mes comenzamos en Cerro Norte.

¿Cómo trabaja Aleros?

Se trabaja en la calle, es un programa de proximidad, de captación, derivación y en red con los Socat, Cecap, Jóvenes en Red, diversas policlínicas, Mides, etc. Las drogas son sólo una parte de la vida compleja de los adictos, de todo su sufrimiento social, hay que tratar de atender a la persona como un todo y un sujeto de derecho.

Ciudadana Ilustre del Municipio A

Eso fue un mimo muy importante, es emocionante que te reconozcan. Se hizo una actividad muy linda en el Comunal 14, donde tuve la suerte de que me acompañara cantidad de gente, de amigos que no veía hace mucho y mi murga Los Diablos Verdes. Me llenó de orgullo y de alegría, siempre estuve en esta senda por convicciones sin esperar reconocimientos, pero lo hicieron igual y no puedo dejar de decir que siempre voy a estar agradecida por ese mimo.

¿La Teja es tu lugar en el mundo?

Sin ninguna duda, quiero enormemente a este barrio, me siento en casa, quiero a la gente y siento que me quieren, a cada rato me cruzó a alguien que me dice “doctora usted atendió a mi nene…”. El SMI tuvo siempre muchísimos socios trabajadores en estas zonas y yo trabajé como médico de radio por más de 30 años en todo el municipio A y G. Todos mis años de trabajo vine todos los días al barrio y con mucha frecuencia después de trabajar me quedaba a participar de alguna actividad, de las tantas que me han convocado por aquí.

¿Cómo definís a los tejanos?

Los Tejanos somos solidarios, amigables, nos gusta hacer cosas en común. Yo veo por ejemplo la Comisión de Vecinos de la plaza 6 y es maravilloso todo lo que hacen, la cantidad de vecinos que están todos los días trabajando ahí y eso pasa hora, no hablo de historias de antaño.

Un mensaje para los tejanos

Mi mensaje para los tejanos es una frase que siempre utilizo de Jaime Perez que dice “nada ha sido en vano”. Todo el esfuerzo que hicimos entre todos en el barrio, hoy vos miras y es tanto, tanto lo que se avanzó… aunque siempre quedan cosas por hacer y mejorar, hay que valorar enormemente lo que hemos logrado con el esfuerzo de todos.

¿Cómo sigue la lucha?

Yo estoy empezando a bajar un poco la actividad porque ya cumplí 80, me siento una privilegiada porque a pesar de algunas nanas, tengo la cabeza bastante bien. Sigo acá en la policlínica haciendo la coordinación técnica de los Aleros, participo en las reuniones de equipo, coordino con la Asociación de Vecinos, etc. No hay día que no tenga algo para hacer. Además, sigo militando políticamente y espero tener la suerte de poder participar de otra campaña electoral, no tengo fecha de vencimiento por ahora… lo dirá la vida, mientras este lucida y tenga fuerzas seguiré aportando en lo que pueda.

Mateo Butin

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